El rastreador hace el camino


Hace casi un mes que anunciaba que  iba a cumplir con el segundo tramo de mi particular Camino Jacobeo…y ya estoy de vuelta. En esta ocasión, me he encontrado con unos campos, los manchegos, de un color verde espléndido, nada que ver con los marrones y grises de primeros de marzo…..Desde el tren, la monotonía de la llanura manchega constituía un descanso para la vista y el ánimo. Era como navegar sobre un mar verde, surcado en la lejanía por velas añejas, testigos de las aventuras del “caballero loco”…..
Más adelante, ya en tierras castellanas, igualmente verdes,  era una delicia ver sobresalir las espadañas de las iglesias coronadas por  los nidos de las cigüeñas. Todo ello resultaba excitante a medida que te aproximabas al comienzo de la ruta. Era como salir al encuentro de la persona deseada, ir a compartir lo que la naturaleza ofrece y lo que tus sentidos están dispuestos a captar. En esta ocasión, el tramo tiene el valor añadido de estar en recuperación, por el que ya transitaron los primeros peregrinos, antes de que los árabes fueran rechazados a las llanuras manchegas, y se pusiera en franquicia el llamado Camino Francés.
El tramo escogido se inicia en Bilbao, continua por Alonsótegui, Güeñes, Balmaseda, Nava de Ordunte, Espinosa de los Monteros, Sotoscueva, Pedrosa, finalizando en Arija, a orillas del pantano del Ebro. En total 130 Kms. atravesando el Valle de Mena, las Merindades, Ojo Guareña, parajes todos ellos que no envidian a ningún otro, tanto de casa como foráneo.
El río Cadagua nos va marcando la ruta, por tierras vizcaínas. Nos brinda parajes como los de la Torre Terreros; baña monumentos como la Iglesia de Santa María de Güeñes, el Puente del Diablo, de Balmaseda, adentrándose en el Valle de Mena, de incomparable belleza y ya en tierras burgalesas, flanqueado por la cordillera de la Peña y su sugestiva Aguja del Fraile, hasta llegar a la Merindad de Sotoscueva y quedar impresionados por la majestuosidad de Ojo Guareña. Antes habremos pasado por  otro paraje natural, remanso de paz, que es el Pantano de Ordunte, del cual beben los bilbaínos y sus vecinos.      
En nuestro caminar, después de bordear el mencionado pantano, atravesamos diversos bosques de abetos, de robledales, a medio vestir con el incipiente traje estacional;  atravesamos prados, con cancelas que hay que abrir y cerrar con atadijos primitivos, entretenidos porque hay que deshacer nudos mal hechos y no está el cuerpo para florituras a esas alturas. Menos mal que el verde, salpicado de mil florecillas,  alivia del calor que nos rodea ese día. Calor de mal agüero, pues en las cercanías de Espinosa y sobre ella, se empezaron a cernir nubes de mal presagio, tan malo que hubo que sacar chubasquero  y calzar los palos con gomas por precaución . Efectivamente, los malos presagios, avalados por el olor a tierra mojada que me llegaba a lomos de las ráfagas de un viento helado, se cumplieron, empezando a jarrear….En medio del sendero, sin nada a la vista donde cobijarse, justo en ese momento se produjo el milagro jacobeo que todos los peregrinos hemos disfrutado en un momento u otro del Camino….Apareció un 4×4 que ofreció su solidaria ayuda, brindándose a dejarme en la puerta del Albergue. En el momento que subía la mochila, empezó a granizar, con piedras del tamaño de una avellana. Mala cobertura habría tenido, de no haberse producido este oportuno encuentro…. 
El albergue esta situado en medio de un bosque de robledales, a kilómetro y medio de la ciudad.  Pertenece a la Red Internacional de Albergues Juveniles. En esta época es frecuentado por Colegios de visita en la ciudad, siendo en verano cuando mayor actividad registra por acogimiento de viajeros o de Colonias. El lugar es idílico, hasta el extremo de haber observado, durante el paseo, corzos en libertad, y ardillas. El personal  es amable y acogedor y la comida, cena en este caso, más que suficiente. La ciudad, como tantas otras castellanas, denota que fue importante en su día, con abundancia de casas blasonadas y apellidos ilustres. Merecen mención especial el palacio Chiloeches, en el centro de la ciudad; la iglesia de Sta.Cecilia, cuya ábside es una gran vieira, y ya, en la salida, el castillo de los Velasco, familia de la que ya habíamos tenido referencia en Villasana de Mena en forma de otra torre fortaleza. Más adelante, volveremos a encontrarnos con otra posesión fortificada y es que estaban enfrentados con los Salazar, otra familia procedente de Navarra….con aspiraciones, y es que aquí todo se ha hecho a golpes….y así nos va. 

Y llegó el día siguiente, y con él nuevos pasos que dar en dirección a Ojo Guareña. El día se presenta entreverado, y las previsiones coinciden con el aspecto, esto es nublado con posibilidades de lluvia y cierta bajada de temperatura….Bien, es el mejor tiempo para caminar, me digo, y con las mismas enfilo la estrecha senda que va bordeando los campos, flanqueados con las montañas grises que nos vienen acompañando desde Villasana. En las cercanías de Para, observamos una reunión “quijotesca”: dos aldeanos mantenían una conversación, uno desde la altura de su jumento asnal y el otro pie a tierra. A medida que me iba acercando observe que llevaba, a modo de alforjas, cántaras metálicas de leche. Saludé, fuí correspondido y preguntado que a dónde iba. Manifesté mi propósito, riéndose ellos;  aproveché para preguntar por el contenido de las cántaras. Se me contestó que leche, y al intentar inmortalizar la estampa, mi sorpresa fue ver cómo el aldeano espoleaba al jumento y salía disparado, en manifiesta huida…..Le pregunté al que quedaba, qué significaba esa conducta y me contestó que no le gustaban las fotos…..Mi sospecha es que estaba de reparto por las casas de los alrededores y no deseaba ser identificado….Me despedí entre risas y buenos deseos y fuí pensando para mi que de buena gana le hubiera pedido un vasito de esa leche sin tratar, pero sana a buen seguro, y alimenticia, como la que todavía recuerdo tomaba de chico y no de tan chico, que cuando la hervías se le dibujaban círculos de grasa…Hoy a saber a que llamamos leche.
Los pueblos que voy atravesando son de escasos habitantes, sin bares, con lo que la sensación de soledad aún se acentúa más. Comentado ese extremo en Quintanilla, donde un lugareño me abre el Centro Social y Escuela para descansar y tomar un  refrigerio, asegura que esa es la forma de matar un pueblo antes de que se mueran sus habitantes, todos mayores o jubilados….Triste panorama nos presenta, pero con cierto optimismo ya que no acepta tal destino, cambiándolo por un “Ya veremos…las cosas pueden cambiar…” Para mi, magnífica lección de sabiduría….

Comments & Responses

One Response so far.

  1. Agradezco que hayas considerado oportuno publicar mi relato sobre el tramo que recorri el pasado 26.4.Espero poder continuarlo este año y aprovechar la guia que el compañero peregrino Brotons ha publicado.

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